domingo, 16 de marzo de 2014

SOBRE ESTEREOTIPOS. AHORA LAS MODELOS SON ACADÉMICAS

Modelada

 Por Flor Monfort (Página12)

En una época se decía que Valeria Mazza teñía a los hijos. Ese amarillo yema de huevo no podía brillar tan parejo en las cabecitas pixeladas de los niños que todos los años juguetean en las arenas esteñas. También corrió un rumor sobre su luna de miel: que en un momento de las largas jornadas entre los recién casados, que convivían con los fotógrafos a una distancia prudencial para que las imágenes parezcan casuales pero no tanto, Alejandro Gravier se acercó a los paparazzis y les dijo: “No me la banco más a esta boluda”. Y algo que no es un rumor, sino el eco mismo de su voz paposa en la televisión, trae a la memoria esa declaración evidentemente sincera sobre la posibilidad de que una pareja del mismo sexo pueda adoptar y criar a un niño o niña. No lo dijo con estas palabras pero lo podría haber hecho: a Vale le parece un horror.
Su marido, Gravier, el que desfiló con galera y bastón el día de la boda televisada y siempre ofició de manager canchero, flamante accionista del New York Times, hoy la mira desde la platea de la Universidad de Palermo, donde Mazza presentó el programa educativo de su carrera. A partir de abril dirigirá un plan de estudios destinado a hombres y mujeres que quieran ser modelos y modelas. ¿Qué modelan? Ropa en principio, accesorios, joyas. Si son afortunados y logran trascender la pantalla, modelarán estilos de vida, conductas, formas de fumar o de cortarse el pelo. Pero Vale, feliz por el primer aniversario de Pancho al frente del Vaticano, se sentó junto a Oscar Echevarría, el rector de la UP, y diseñó un programa acorde a las necesidades de los y las futuras estudiantes, tan jóvenes ellos y ellas que más vale que alguien se ocupe de explicarles. Porque, se sabe, modelar no es fácil: hay que esperar mil horas hasta que preparen las tomas, comer la ensalada de rúcula con los ruleros puestos, con lo difícil que resulta mover la cabeza con tamaña rigidez en la coronilla, yirar de agencia en agencia hasta que un manager te acepte y seguir sus reglas. Ni hablar si sos del interior como Vale, y tenés que convivir en un departamento con otras chicas que ni conocés y con quienes te tenés que llevar bien sí o sí.
Al dudoso criterio de la institución (una universidad que tiene como principal canal de comunicación la emisión de Los Simpson e islas en los shoppings) de generar una aventura educativa con la señora que quiso ser Susana pero no pudo (y no pudo por la misma razón que la hace posar con cara de asco en una foto espontánea con los wachiturros), se suma la cara de piedra que hay que tener para plantarse en un auditorio a pedirles a los jóvenes que les saquen punta a los lápices para anotar los módulos de este carrerón: “Practicar para modelar” y “Conocer para modelar” con materias como “branding”, “equilibrio personal” o “mkt” (sic). Muchos jóvenes aplaudieron la apuesta, para la que no se requiere secundario completo y mucho menos (esto lo aclaró con mucho énfasis Vale ante el auditorio) ser lindo ni linda. Porque lo lindo de las personas va por dentro.
Es interesante el peso que tiene la palabra modelo cuando se trata, por ejemplo, de la rebelde Kate Moss, de la inconveniente Naomi Cambpell o de la súper popular Giselle Bundchen viralizando una foto de sí misma dando la teta a su bebe mientras la peinan y maquillan. Las modelos son desde los ’90 marcas en sí mismas si tienen la suerte de Valeria, Giselle o Naomi, pero una gran masa de anónimas siguen siendo caras y cuerpos que interpelan a un tipo de mujer, que debe ser de determinada manera y, sobre todo, tener la textura imposible del photoshop. Tecnologías al margen, poco funciona como espejo para una que no entra en los cánones (¿la mayoría?) y difícil es imaginarse cómo articular una enseñanza de este tipo sin desencajarse de risa, sobre todo cuando quien está a cargo tuitea cosas como “Hola!! Hoy empieza una semana muy linda e importante para mí, por un proyecto educativo que presentaré mañana..! Besos.
Besos a vos, Vale. Gracias por tanto.

martes, 4 de marzo de 2014

OSCAR; GLAMOUR Y POLÍTICA

La entrega de los premios, Oscar por parte de la  Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, no es solamente un hecho artístico, sino -y fundamentalmente- un hecho comercial y político.
El film "12 años de esclavitud" obtuvo dos estatuillas menores y el premio a la mejor película, aunque pareceía que podría arrasar con los premios. Pero es interesante analizar, que pasó con esta cinta 
Dirigida por Steve McQueen y basada en la historia de Solomon Northup, un hombre libre de raza negra que fue esclavizado injustamente en los tiempos en que Estados Unidos todavía debatía abolir la esclavitud, si bien tenía muchas nominaciones -9 en total-, se alzó con dos estatuillas "preliminares" (el premio a Lupita Nyong'o y el de mejor guión adaptado), para luego alcanzar el más importante de todos los rubros: mejor película.
¿Qué significa que en medio de la crisis que sacude los Estados Unidos, con un presidente negro acosado por la derecha del Tea Party, la película premiada sea precisamente esta?
¿Cuántas veces, hechos culturales como un film, sirven para exculpar o justificar o reafirmar personajes públicos? ¿Está necesitando el desgastado "Premio Nobel de la Paz" -que no ha dejado de promover intervenciones militares y ahora mismo amenaza a Rusia- un respaldo simbólico ante los avances de la derecha norteamericana?
En los años 70, el escritor chileno Ariel Dorfman escribió un libro memorable "Para leer al Pato Donadld". Tal vez, en una misma clave, sería interesante leer los Premios Oscar.

DON'T CRY FOR ME ARGENTINA

Interesante análisis de Mempo Giardinelli sobre Malvinas y la situación actual 

No, la Argentina no llora por usted, Sr. Cohen

 Por Mempo Giardinelli

En The New York Times del jueves, una nota de opinión titulada “Llora por mí, Argentina” y firmada por Roger Cohen, a quien La Nación presenta como “veterano periodista”, plantea una vez más el viejo mito de la Argentina rica y próspera del pasado, en contraste con un supuesto presente abominable.
La circunstancia que hoy vive este país torna ineludible refutar los conceptos del Sr. Cohen, que sostiene lo mismo que muchos artículos de Mario Vargas Llosa y otros connotados columnistas de El País, The Washington Post, O Globo y otros medios. De ello se hacen eco los exagerados corresponsales de los grandes diarios porteños, que los reproducen y destacan en portadas y portales y los celebran como victorias parciales contra el kirchnerismo.
Para clarificar a colegas como el Sr. Cohen, en primer lugar hay que subrayar que eso de que la Argentina “era un país más próspero que Suecia y Francia hace un siglo” es mentira. En todo caso, éramos un país periférico, casi una colonia, con muchas riquezas naturales pero estructuralmente atrasadísimo y gobernado por dirigencias prebendarias, racistas, corrompidas y serviles.
Desde luego que se puede entender que al Sr. Cohen le disguste tanto el peronismo, pero lo que importa acá y ahora no es discutir el peronismo con él, sino señalar su incapacidad de despojarse de prejuicios que lo llevan a confundir la compleja realidad de una nación que hace 100 años no sólo no era mejor que ahora, sino que era infinitamente peor, porque era mucho más injusta, de conductas primitivas y sometida a una aristocracia ciega y mezquina y a la codicia externa que siempre despertó su elogiada riqueza.
No vale la pena responder sus clichés sobre estadísticas, tipo de cambio y participación en los mercados de capitales, que parecen tomados de los artículos que aquí firman economistas de oscuros pasados. Pero sí cabe aclararle que en la Argentina no tenemos ninguna “obsesión” por lo que él llama despreciativamente “pequeña guerra perdida” en Malvinas, y en cambio, sí tenemos memoria de un atropello histórico, así como mucho dolor por la estupidez criminal de un gobierno militar asesino al que el país del Sr. Cohen protegió y ayudó de manera inmoral.
Por cierto, a este respecto, bueno sería exhortar al Sr. Cohen a que se pronuncie acerca de la moralidad política de las grandes guerras victoriosas de las que participó su país en por lo menos los últimos 150 años, o sea todas las guerras del mundo y en las que murieron varios millones de seres humanos.
Hay que puntualizar, además, que la Argentina nunca fue más próspera que Suecia, Francia, Austria, Japón y otros países que pone como ejemplo, porque desde la Independencia éste fue un país acosado y expoliado, con enormes masas de analfabetos, sobrado de explotación humana, sin leyes sociales y sin viviendas ni salud pública ni escuelas suficientes, y encima dirigido por políticos fraudulentos que sólo sabían medrar con el sudor de criollos e inmigrantes.
Es cierto que “teníamos las tierras más fértiles del mundo en la pampa”, pero la concentración en pocas familias y los nulos impuestos a la tierra improductiva hacían de esa riqueza un espejismo para millones de ciudadanos y ciudadanas que carecían de casi todos los derechos.
Por eso, le guste o no al Sr. Cohen, ese “coronel llamado Juan Domingo Perón y su mujer Eva” fueron quienes empezaron a cambiar las cosas. Con estrategias populistas y demagógicas, si se quiere, y con exaltaciones y una desprolijidad general que hubiera sido mejor evitar. Pero abrieron la posibilidad de una vida digna a los que hasta entonces solamente padecían humillaciones.
El Sr. Cohen escribe: “Había tanto para saquear, tanta riqueza en granos y ganado, que instituciones sólidas y leyes –sin mencionar un sistema de impuestos que funcione– parecían una pérdida de tiempo”. Claro que no se pregunta quiénes fueron los saqueadores, los dueños de granos y ganado o los que impidieron durante décadas “un sistema de impuestos”. La respuesta, si se lo preguntara, es muy fácil: eran y siguen siendo más o menos los mismos que hace 100 o hace 30 años, los mismos que ahora que sí tenemos un sistema fiscal evaden a lo bestia.
No soy quien para defender al peronismo, pero debiera el Sr. Cohen saber que por una neutralidad que ni su país ni la Europa blanca le perdonaron jamás, se inventó el mito de un Perón nazi-fascista con una esposa puta y ambiciosa, y así enlodaron toda posibilidad de comprensión y análisis. Sólo ignorando eso puede escribir que los argentinos amamos esa “mezcla extraña de nacionalismo, romanticismo, fascismo, socialismo, pasado, futuro, militarismo, erotismo, fantasía, lloriqueo, irresponsabilidad y represión”.
La nota del Sr. Cohen sólo muestra que no sabe nada de este país. Puros lugares comunes, frases hechas y los mismos, viejos eslóganes de ciertas derechas latinoamericanas.
Finalmente, escribir que “Brasil está en proceso de ser la Argentina, la Argentina está en proceso de transformarse en Venezuela y Venezuela, en Zimbabwe”, como postula el Sr. Cohen, es un comentario racista, discriminatorio y ofensivo para la nación africana, Brasil y nosotros, pero sobre todo es una afirmación equivocada y no inocente. Quizá le duele el ALCA, todavía, o no soporta la Unasur ni la Celac, pero un buen periodista profesional no debería desconocer que todos los pueblos en desarrollo tienen conflictos severos y que los procesos nacionales son únicos e intransferibles.
Y es cierto que hoy tenemos inflación y no tenemos políticas anticorrupción. Y también que las clases medias están enervadas y quedan todavía por lo menos tres millones de marginados. Pero al menos los nuestros salen a la calle y protestan, y tienen escuelas y hospitales gratuitos en muchos casos insatisfactorios, pero no padecen como los 40 millones de pobres que hay en el país del Sr. Cohen y que no pueden ir a hospitales públicos gratuitos porque de hecho no existen.
Tengo algunas diferencias con el gobierno actual, pero es el gobierno que eligió el pueblo argentino y el día que se retire será solamente porque otro partido le ganó en elecciones libres. Mientras tanto, las personas que como el Sr. Cohen opinan sobre la Argentina con tanta presuntuosidad y desconocimiento resultan patéticos. Tanto como los que aquí, en la Argentina, celebran su patetismo.

jueves, 27 de febrero de 2014

BLADES Y MADURO

Publicamos este interesante texto sobre la polémica entre el cantautor Rubén Blades y el Presidente Nicolás Maduro:
¡Qué fallo!
                                por Guillermo Rodríguez Rivera

Las verdaderas revoluciones son siempre difíciles. Che Guevara sabía algo de eso y decía que, en las verdaderas, se vence o se muere, porque una revolución no es una tranquila, pacífica obra de beneficencia, como cuando las encopetadas damas de la alta sociedad salen a hacerle caridad a los que no tienen justicia.

Una revolución es un vuelco, una ruptura, un abrupto cambio de perspectiva. Es cuando los oprimidos dejan de creer en que los que mandan –los que los oprimen– tienen la verdad de su lado, y piensan que el mundo puede ser diferente de como ha sido hasta entonces.

Pero claro que los opresores no se resignan a abandonar sus posiciones de dominio y luchan a vida o muerte por ellas, aunque aparentemente, los “otros” sean sus connacionales: enseguida se enajenan de la mayoría del pueblo, porque las revoluciones –no los golpes de estado– siempre son obra de la mayoría.

En un respetuoso diálogo con el presidente venezolano aunque no tanto con sí mismo, el cantautor Rubén Blades, hace años uno de los abanderados de la canción social en América Latina, expone su concepto de revolución:

            Para mí, la verdadera revolución social
            es la que entrega mejor calidad de vida a
            todos, la que satisface las necesidades
            de la especie humana, incluida la necesidad
            de ser reconocidos y de llegar al estadio
            de auto-realización, la que entrega oportunidad
            sin esperar servidumbre en cambio.
            Eso, desafortunadamente, no ha ocurrido
            todavía con ninguna revolución[1].

Ni va a ocurrir en ninguna revolución verdadera, Rubén. No era sino la voluntad de mejorar la calidad de vida de la gente lo que inspiró la Reforma Agraria cubana, que entregó parcelas a miles de campesinos sin tierra y, esencial para procurar mejor calidad de vida, fue la alfabetización cubana de 1961, porque no hay autorrealización sin saber leer– pero enseguida llegaron la invasión de Bahía de Cochinos y el bloqueo económico que es repudiado cada año en la ONU, aunque acaba de cumplir 52.

Me fascina esa idea de que una revolución social “satisface las necesidades de la especie humana”, y claro que eso solo lo hace una revolución cuando se la ve históricamente: no habría democracia ni derechos humanos sin la prédica de los iluministas: sin Voltaire, Montesquieu, Rousseau, pero los que llevaron adelante esas ideas en la práctica social, los que las impusieron como “necesidades de la especie humana” –Danton, Marat, Robespierre , porque las monarquías gobernaban por derecho divino– guillotinaron a la aristocracia francesa que se rebeló contra ellas, la aristocracia que ahogaba en sufrimientos, en miseria los derechos de lossans culottes, acaso los que Evita Perón llamó en su momento “los descamisados” y Martí “los pobres de la tierra”. 

El tiempo ha pasado, nos recuerda Blades, pero los derechistas venezolanos llaman “los tierrúos” a esos pobres sin zapatos que ellos explotan en el siglo XXI. Es imposible que una revolución haga felices a los dos grupos, porque la revolución va a dar justicia, y hacer justicia no es una fiesta de cumpleaños.

Es decir que nunca ha habido una revolución social como entiende Blades que debe ser. ¿Será que él no sabe lo que es una revolución social? Según se deduce de lo que escribe, no lo la sido ni la inglesa, ni la francesa, ni la rusa, ni la mexicana, ni mucho menos la cubana que lideró Fidel Castro. Presumo que tampoco la venezolana de hace doscientos años, pese a que Blades escribe de esa Venezuela que ama como “el pueblo de Bolívar”. Y ¿qué hizo el Libertador? ¿Una tranquila y plácida obra de bienestar social? No gritó Patria o Muerte, sino que firmó un decreto de guerra a muerte para los enemigos de la patria, que eran los de la revolución.

Blades no sólo lo proclama ahora en esa respuesta a Maduro, sino que lo cantaba en sus canciones latinoamericanistas: “de una raza unida, la que Bolívar soñó”. Entonces, ¿el intento de realizar el sueño de Bolívar no es el proceso integrador que emprendió Chávez, y que enfrenta a un imperio que nos quiere divididos, sino que únicamente servirá para mover el culo bailando salsa? Y cantar a voz en cuello: “A to’a la gente allá en los Cerritos que hay en Caracas protégela”. A “to’a esa gente” la protegen, además de María Lionza, los médicos de Barrio Adentro, porque esos que gritan y agreden en las calles no se ocuparon jamás de la salud de los venezolanos humildes.

Tal vez fue María Lionza la que los mandó a bajar de los Cerritos, cuando el golpe de estado de abril de 2002, para sitiar el ocupado palacio de Miraflores y exigir el regreso del presidente que habían elegido.  No te dejes confundir, Blades, “busca el fondo y su razón”, y trata de entender las revoluciones de la historia, no las que soñamos para tranquilizarnos.

Para Blades, el programa político del chavismo “obviamente no es aceptado por la mayoría de la población”. Lo que quiere decir que la mayoría que eligió a Maduro, no lo es.  Blades ignora las 18 elecciones ganadas por el chavismo y el casi 60% de votantes que el PSUV obtuvo en las elecciones de diciembre que la derecha dijo que sería un plebiscito– y declara mayoría a los representantes de la vieja derecha derrocada por Pablo Pueblo, porque ese hombre –nos recordó Neruda–  despierta cada doscientos años, con Bolívar.

Me recuerdo a mí mismo, en los años setenta, en el antiguo apartamento de Silvio Rodríguez, con su puerta negra en la que había golpeado el mundo, descubriendo los primeros trabajos de Rubén Blades con la orquesta de Willy Colón. Nos encantábamos de encontrar una salsa patriótica, “La maleta”, aunque sabíamos que no eran ideas unánimes entre los latinoamericanos. Ninguna idea hondamente renovadora consigue apoyo unánime, al menos cuando aparece: el poder establecido –eso que los norteamericanos llaman stablishmenttiene muchos resortes, muchas maneras de “convencer”, de imponer sus intereses, y sabe que son pocos los que no ceden ante ellos.

Una cosa es cantar y otra vivir lo que se canta, y cantarlo en todas partes. Tengo vivo el recuerdo de ese extraordinario salsero que es Oscar D’Leòn, cantándole, en los años ochenta, a un público cubano que lo adoraba, que llenaba un coliseo de 15 mil localidades para escucharlo y cantar con él. Lo recuerdo feliz, arrojándose al suelo del aeropuerto de La Habana para besar la tierra de la isla al partir y, a las semanas, lo vi abjurando de su viaje a Cuba, cuando los magnates del disco en el Miami contrarrevolucionario, lo acusaron de comunista por cantar en La Habana, y amenazaron con cerrarle todas sus puertas, que eran también las más lucrativas de su realización como artista.

Oscar sabía que esa derecha, esa burguesía –y mucho menos el poder imperial que tenían detrás– no bromeaban: a Benny Moré, que era el mejor cantante de América Latina, la RCA Víctor no le grabó un disco más cuando decidió quedarse a vivir y a cantar en la Cuba revolucionaria.

Todo me lo explico, pero tengo la tristeza de que ya no podré escuchar a Rubén Blades como ese cantor de nuestra América que quiso ser. 


lunes, 24 de febrero de 2014

¿SOCIALISMO, CUÁL?

La existencia de una serie de gobiernos que podemos llamar "progresistas" o "de izquierda" o "populares, tal el caso de Dilma en Brasil, del Frente Amplio y Pepe Mujica en Uruguay, de Evo, de Rafael Correa, de Hugo Chávez-Nicolás Maduro, del FSLN en Nicaragua o del Frente Farabundo Martí en El Salvador, nos llevan a preguntarnos sobre viejas discusiones, que nos revisitan desde fines del Siglo XIX.

Desde más o menos mediados de ese siglo, frente un mundo en el cual el sistema capitalista se convertía en el modo de producción dominante, aparecían tres alternativas contrahegemónicas: el anarquismo, el socialismo y el comunismo.

El anarquismo, cuya propuesta ponía su eje en la disolución del estado, nunca logró generar movimientos sociales que permitieran gestar una sociedad como aquella que soñaban los ácratas. Sin embargo, la participación de los anarquistas en las luchas obreras, en la organización de sindicatos, ha sido una marca indeleble en nuestra sociedad contemporánea...

El socialismo, intentó utilizar las vías del parlamentarismo de las democracias burguesas, para producir mejoras en las vidas de los trabajadores. A ellos, en cierta medida, se debe la aprobación -en diversos países- de leyes como la jornada laboral de ocho horas, el sábado inglés, las vacaciones pagas, etc. A ellos, claro. pero también al hecho de que ceder antes estos reclamos, resultaba funcional a una estrategia de supervivencia del capitalismo: el Estado de Bienestar es decir, la puesta en práctica de las teorías de John Maynard Keynes. Hoy, los partidos socialistas han virado hacia la socialdemocracia y muchos lugares son apenas variables algo menos conservadoras que los partidos de derecha o centro-derecha. Solo basta ver como actúa el Partido Socialista de Francia o el PSOE en España.
Basta recordar la canción de Sabina "Cuervo ingenuo" (dedicada a Felipe González) que decía: "Tú tirar muchos millones, En comprar tonto aviones, Al otro gran presidente. En lugar de recortar, Loco gasto militar, Tú ser su mejor cliente.Tú mucho partido pero... ¿Es socialista, es obrero? ¿O es español solamente? Pues tampoco cien por cien. Si americano también. Gringo ser muy absorvente."


Para otro momento quedará considerar el comunismo...

En la Argentina, hay dos expresiones vinculadas al socialismo, que me interesa analizar. El Partido Socialista y la UCR.
Nacido hacia fines del siglo XIX, el Partido Socialista tuvo en sus filas a personalidades históricas como el primer diputado socialista de América Latina: Alfredo Palacios, a Juan B. Justo, primer traductor de la obra de Karl Marx "El Capital" al español y Alicia M. de Justo, una fundamental dirigente feminista. Pero hoy es presidido por Hermes Binner, quién no tuvo empacho en decir que el votaría a Capriles si fuera venezolano, cuando este candidato de la derecha, sostenido por Estados Unidos se enfrentó a Nicolás Maduro. 
Del otro lado la UCR, que durante el alfonsinismo (el de Ricardo Alfonsín padre) se incorporó a la Internacional Socialista. Claro, que esa organización ya poco o nada tenía de socialista.

Hoy Maduro y antes Hugo Chavez lideran o lideraron el Partido Socialista Unido de Venezuela, fundado en 2008 con la participación de 92.000 delegados de un millón doscientos mil afiliados. Una organización que se define claramente como antimperalista, y cuyo líder inicial, el Comandante Hugo Chavez Frías supo decir: "Váyanse al carajo yanquis de mierda, que aquí hay un pueblo digno."  No obstante, los "socialistas" argentinos apoyan a Capriles.

Claro que para nosotros eso no es nuevo. Cuando en 1946 surgía en Argentina una modalidad peculiar de estado de bienestar, a partir del liderazgo del entonces Coronel Perón, los socialistas marcharon en su contra, integrándose a la Unión Democrática organizada por el embajador norteamericano Braden. Lo que hubiéramos esperado es que Binner y sus amigos aprendieran algo de la historia, pero ahora como entonces, están donde Estados Unidos indica.



domingo, 23 de febrero de 2014

La adolorida Venezuela y una tarea

Artículo publicado en PAGINA 12 del domingo 23 de febrero

 Por Mempo Giardinelli
Mientras aquí se discuten aumentos salariales y nadie sabe si empezarán las clases ahora en marzo, y la oposición política ya hizo pública la amenaza de abandonar el Congreso la próxima semana –cuando la Presidenta pronuncie su informe anual del Estado de la Nación–, la hermana República Bolivariana de Venezuela se debate en un infierno que nos mira a los ojos.
No es una versión más de lo que cierta estupidez de moda aquí llama “grieta”, partición sólo verdadera en las esferas del poder y que no existe en las ciudadanías que trabajan decentemente todos los días y sólo quieren vivir en paz.
Lo que acaso permita entender la crisis que ha provocado la oposición en Venezuela –donde las instituciones republicanas parecen ser más débiles que aquí y donde la violencia también anida en los sectores más sumergidos y en los más poderosos, aunque por muy diferentes causas y razones, si es que hay “razones” para la violencia– es que allí emergieron una vez más los mismos viejos impulsos golpistas que son negados a diario –allá como aquí–, pero que saben echar leña al fuego de sociedades que estuvieron por muchos años cautivas mediáticamente, con clases medias enervadas y una demagogia feroz, incluida la de los opositores que acusan de demagogos a los gobiernos.
Esa película acá se conoce muy bien, pero lo adicionalmente grave es que ahora algunos quieren mostrar la tragedia venezolana como el anticipo de lo que supuestamente “se viene acá”. Y entonces hay que señalar claramente cuál es la cuestión de fondo, que es válida para Venezuela pero también para la Argentina: son los cambios económico-sociales de los últimos años –casi todo lo que va del siglo XXI– lo que se ha vuelto intolerable para los poderosos. Por eso sus “argumentos” son de enorme peso: cinismo perfecto; aplanadora mediática; absoluta falta de escrúpulos; completo desinterés por el destino de las grandes mayorías y los desheredados de la vida.
Venezuela es clave hoy porque en el fondo, para esos poderes, es inaceptable el freno a ciertas voracidades tradicionales; a la continuidad del rechazo al ALCA en 2005; a la aparición de millones de marginados que antes solamente se morían, pero ahora tienen acceso a educación, salud, vivienda y algunas posibilidades, y demandan más.
El poder del poder puede ser bestial, y lo están mostrando con la desestabilización de Venezuela. Más allá de cualquier torpeza, corruptela o mala gestión del chavismo, lo que está en juego es la enorme riqueza de ese país entrañable y un modelo democrático que venció en 18 de 19 elecciones. Por eso ciertos desatinados hablan de “dictadura”. Y por eso cuando el presidente Obama pide “restaurar la paz” y habla de “caos inaceptable en Venezuela” es válido sospechar que quizá se podría estar gestando –Dios no lo quiera ni permita– la conversión de Caracas en una Bagdad americana.
Por eso en la Argentina hay que rechazar de raíz el repudiable exabrupto del señor Luis D’Elía pidiendo el fusilamiento del sedicioso venezolano Leopoldo López. Semejante barbaridad no es más que otra cara de la misma moneda.
Lo cierto es que para el poder verdadero –el que anhela volver a dictar rumbos a una América latina que hace una década se salió del libreto neocolonial– es insoportable la Celac. Por eso los “asesores” de Washington son casi todos latinos de ultraderecha, particularmente cubanos, venezolanos, chilenos y colombianos todo servicio, personas capaces de llenarse las bocas con palabras democráticas pero dispuestas a cualquier acción violenta con tal de detener y revertir los procesos independentistas que se han producido, aunque tibios y apenas incipientes, en lo que José Martí bien llamó “Nuestra América”.
Basta ver y escuchar al desaforado, enardecido y gritón Leopoldo López para entender el grado de odio, rencor y furia que se ha desatado sobre Venezuela. Tenemos versiones argentinas de lo mismo. Por eso algunos discursos de la Presidenta los irritan tanto. Y por eso Maduro llamó ante todo a controlar la violencia: “Las órdenes son muy claras: mantener la paz, construir la paz, amansar a estos locos fascistas con la ley”.
De ahí que el apoyo argentino al gobierno venezolano, que es absoluto, es coherente. Porque lo que pasa en Venezuela puede pasar aquí y dondequiera. Aquí también la verdad se reclama todo el tiempo, aunque en realidad para nada interesa a los que tienen el poder, el verdadero poder, en sus manos. Aquí también critican la corrupción sin presentar pruebas y dejando pasar los miles de pequeños casos en que ellos mismos están o estuvieron involucrados. Como cuando en todos los ’90 y hasta 2003 en este país hacían silencio cómplice mientras sus economistas y lobbistas robaban a cuatro manos el patrimonio de los argentinos.
Lo más grave, sin embargo, lo alarmante es que ahora están mostrando ser capaces de una violencia que no necesitaron entonces. Y para ello cuentan con la necia complacencia de los que siguen y seguirán negando todo golpismo. Por eso al menos esta columna seguirá afirmando que el golpe está suspendido en el aire y sólo con buena gestión, más democracia y más paz se podrá neutralizarlo. Esa es la tarea cotidiana.

domingo, 16 de febrero de 2014

CIENCIA, TÉCNICA Y UNIVERSIDAD EN LA ARGENTINA, HOY

Recientemente el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, dió a conocer una importante noticia, acerca del aporte de científicos argentinos en relación al tratamiento del Cáncer.
Dice la crónica:

Un nuevo estudio de investigadores argentinos del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME-CONICET-FIBYME) promete cambiar el paradigma de los tratamientos contra el cáncer y contribuir con la comunidad científica en el camino hacia la cura de esta enfermedad. El mismo revela la naturaleza de uno de los mecanismos de resistencia tumoral de ciertos tipos de cáncer y cómo revertirla. La investigación fue publicada hoy en la prestigiosa revista científica Cell como artículo principal de la edición que lo incluyó en su portada. El anuncio fue realizado por el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Dr. Lino Barañao y el Dr. Gabriel Rabinovich, director del Laboratorio de Inmunopatología del IBYME junto a miembros de su equipo científico.
Al respecto, el titular de la cartera de Ciencia expresó que “es un hecho de relevancia cuya importancia ha sido destacada por la revista más importante de biología celular, como es la revista Cell” y agregó que “se trata de un aporte excepcional al conocimiento universal”. Además aseguró que “es un aporte muy importante, no solo para el sector científico sino para el país, porque muestra otra variable que hay que sumarle a la ciencia argentina que ha sido siempre muy eficiente pero está logrando ser eficaz”.  Para finalizar, Barañao manifestó que “esto ejemplifica el ideal de hacer ciencia básica inspirada en el uso porque impacta económica y socialmente en toda la comunidad”.   
Ante el clima desestabilizador que atraviesa nuestro país, fomentado por los grupos concentrados de la economía y su aliados -tanto políticos como mediáticos- es bueno comentar, porque tantos intelectuales, científicos y miembros de la comunidad universitaria, apoyamos el proyecto que encabeza nuestra Presidenta.
La creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, el mejoramiento presupuestario de la Agencia para la Promoción Científica y Tecnológica, un aumento cualitativo y cuantitativo del accionar del CONICET (más ingresos a la Carrera de Investigador, más becas, más de 1.000 científicos que trabajaban en el extranjero y volvieron al país, la creación de nuevos institutos, etc.), un aumento significativo del presupuesto universitario, la fundación de universidades, la  puesta en marcha de programas de becas para estudiar carreras prioritarias (tal el caso de las Ingenierías), el mejoramiento del salario docente universitario, la incorporación de las universidades públicas a la producción audiovisual -derivada de la aplicación de la Ley de Medios- son indicadores claros del compromiso de este gobierno con la ciencia, la técnica y la universidad.
¿Qué los salarios docentes universitarios podrían ser mejores? ¿Qué podría haber más becas? ¿qué algunas de las nuevas universidades creadas, se justifican más desde intereses de grupos políticos que desde las necesidades locales y regionales? ¿qué resulta importante una evaluación y eventual reforma de la Ley de Educación Superior? ¿que los sistemas de evaluación de proyectos e investigadores podrían mejorarse? ¿qué los incentivos para investigación de los docentes universitarios, no se están cobrando en tiempo y forma?
Si, son asignaturas pendientes. Pero sin duda, el balance es claramente favorable. ¿No les parece?


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